FRACTURAS POR ESTRÉS DE LA TIBIA

Podríamos definir el término fractura por estrés como  la ruptura de la solución de continuidad del hueso como consecuencia de microtraumatismos repetidos.

Pueden darse  en hueso sano aunque lo más frecuente es  encontrar este tipo de fracturas en huesos afectados por alguna patología reumática como artritis reumatoide u osteoporosis, (la prevalencia de las fracturas por estrés es mayor en mujeres de mediana edad o en la etapa post-menopáusica).

Los huesos más comunes afectados por este tipo de fractura son la tibia, el cuello del fémur, los metatarsianos del pie y algún hueso del tarso y la pelvis.

En personas sanas y que practiquen deporte, la prevalencia es mayor en huesos de los miembros inferiores, principalmente en tibia y fémur, y se asocia a actividades de impacto (running, salto) que se realicen portando alguna carga externa. Últimamente han aumentado los casos en actividades de levantamiento de peso (power-lifting, crossfit).

Respecto a las fracturas por estrés en la tibia, la principal sintomatología de dolor se localizará sobre la tibia, en su tercio distal preferentemente. Este dolor suele tener un inicio insidioso, durante y después de la actividad física que lo esté provocando y que con el paso de las sesiones irá aumentando de intensidad. En ocasiones la fractura puede localizarse en el platillo tibial (justo debajo de la rodilla), lo que lo convertiría en un síntoma más complicado de valorar por la existencia de otras estructuras cercanas que pueden estar implicadas en el dolor. En esos casos, realizando una radiografía podemos asegurarnos de que el hueso se encuentra íntegro.

Es importante poder correlacionar este dolor con un aumento de la actividad física o, al contrario, estimar si con el reposo de dicha actividad cede la molestia. A partir de esta primera sospecha habrá que hacer un diagnóstico diferencial para descartar tendinopatías, periostitis, tumores o un síndrome compartimental, principalmente. La demora en el diagnóstico correcto, algo frecuente, dificulta la recuperación de esta lesión. En la exploración podemos encontrar también edema, enrojecimiento y calor en la zona, así como dolor a la palpación.

Una parte importante del proceso de recuperación será determinar las causas que hayan podido propiciar la fractura.

Existen diversos factores de riesgo que pueden aumentar la probabilidad de sufrir este tipo de fracturas: la edad, lesiones previas en miembros inferiores, factores biomecánicos asociados a la actividad física que se realiza, dismetrías en los miembros inferiores, alteración en el eje del retropié hacia la pronación u otro tipo de desequilibrios musculares o articulares, y sobre todo, una mala progresión en el entrenamiento, en la cual se haya aumentado la carga excesivamente de manera repentina.

Diversos estudios científicos han demostrado que un aumento de la carga de entrenamiento de más del 10% de una semana con respecto a la anterior aumenta el riesgo de fractura de estrés en más del 50% en los siguientes 3 meses.

Tratamiento

Está orientado a corregir esos desequilibrios, manteniendo la funcionalidad del pie y pierna mientras  se hace el reposo que favorecerá la recuperación del hueso ayudándonos de la electroterapia y las ondas de choque para favorecer la consolidación ósea y disminuir la inflamación,  reeducando a la vez la actividad deportiva para una reincorporación al deporte sin recidivas.

En este caso es muy importante el trabajo de fuerza del deportista con la vuelta a su actividad, ya que la musculatura será la encargada de absorber la energía del impacto contra las superficies, manteniendo así la integridad del hueso.

En Clinica Vegasalud (Almería) nos encontrará a su disposición para su pronta recuperación.

 

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